#Mirar

IMG_20160816_070121334

Viajar por trabajo. Ciudades que son apenas un borrón por ventanas de hoteles y taxis. Me esfuerzo por mirar. Me esfuerzo por hacerme espacios a codazos para no dejar de mirar. Es menester observar, para al menos capturar un poco de la esencia de esos escenarios que pasan demasiado rápido para dejarte un recuerdo aunque sea tenue, aunque sea parcial. Bogotá su tránsito caótico, sus mujeres hermosas, sus edificios enormes.

Bogotá y sus vegetación y sus pájaros. Verde ciudad rodeada de cerros tapizados por una cantidad incontable de árboles. Árboles gigantes por doquier, que se alzan majestuosos por bulevares y callecitas que bordean riachos cuyos alrededores fueron transformados en bicisendas y vías para peatones, respetando la presencia de vegetación por todas partes. Sigue leyendo

103 días con #Lucy

IMG_20160704_110010034

Todos los perros, un perro.

Lucy.

A Lucy le gusta dormir al sol, olisquear el viento con su nariz húmeda que nace en un morro rosado y suave, y escalar la mesa y los bancos del patio. Sus enemigos naturales son sin dudas el agua y los gatos. Lucy ama la gente: por la calle cuando salimos de paseo, le mueve la cola blanca y pelicorta a cuanto ser humano pase. Supongo que es un resabio de su vida callejera, en la que sus ojos castaños, de mirada humana, y su natural empatía con las personas la ayudaron a sobrevivir.

Verla fue amarla. Una perra suave, alegre, con las costillas y las caderas sobresalidas en su cuerpo hambreado, de pelaje blanco sucio y ojazos compradores. Lucy llegó a mi vida (y a la de #novio) a ser la primera mascota de la vida adulta, luego de años anhelando la posibilidad de ser el humano de un perro. El primer ser doliente a mi cargo; por vez primera una alma bajo mi responsabilidad, más allá de mi propia alma que tantas veces he hecho naufragar. Vino a mi vida a enseñarme más sobre el compromiso, la paciencia, la lealtad, la alegría y, por supuesto, sobre la capacidad de amar y ser amado.

Sigue leyendo

#Hijos

 

oldie copia

Paola, Nora y yo en los 80s

“Si me seguís pegando le voy a decir a tu papá”, le grita una madre a su hijo de 12 años. Sólo unos días después el nene le revolea una lata de pintura por la cabeza y sale al pasillo del edificio gritando por auxilio y pidiendo que alguien llame a la policía. Apenas un par de jornadas más adelante, el mismo nene de 12 años regresa a su hogar y cuando se cierra la puerta comienza un raid de destrucción al grito de “te odio, te odio”, y rompe a patadas biblioteca, cuadros, adornos, mesas y todo lo que hay a su paso. Ahora es su madre la que pide auxilio al encargado del edificio. También viene la policía. El niño es llevado lejos del hogar por sus abuelos. Más tarde, en una charla desgarradora, la madre confiesa que ya no sabe qué hace con él, que está cansada, que no tiene un mango, que apenas puede salir de su casa, que su hijo le hace la vida imposible a su nueva pareja. “Es un monstruo”, sentencia. En los días siguientes no se escucha al niño en la casa. Tampoco a la madre. Apenas a los caniches, llorando en la soledad de una casa vacía.

Sigue leyendo

Cosas que aprendí construyendo mi casa

casa nueva

Con los mitos populares te pueden pasar dos cosas: refutarlos o confirmarlos con la más absoluta de las certezas. Es de público conocimiento que mudarse es uno de los mayores causales de stress por el que puede atravesar un individuo (separación, muerte de ser querido y no tener trabajo son las otras). Estoy aquí para afirmar sin duda alguna que la combinación de obra+mudanza es capaz de sacar de eje al más centrado de los seres humanos: es un camino lleno de altibajos y desafíos, en el que sos incapaz de salir indemne. No importa que tan zen seas, o si hiciste con tu pareja un pacto de no agresión durante ese período crítico de la vida en común: lo cierto es que tarde o temprano, diversos factores construyen en tu psiquis una necesidad acuciante de que el proceso se termine y no ver a ningún albañil, pintor, parquetista y sus consecuencias secundarias, el polvillo y la mugre, nunca más en tu puta vida.

Sigue leyendo

#MDQ

IMG_20150919_151920666

2. Disfrutar. Tan fácil como: viajar en micro pero en asiento de a uno; el olor a mar; una pareja de señores mayores bailando enamoradísimos en el ya tradicional espectáculo de las escaleras de la Rambla; la foto número quinientos mil en tu vida de los lobos marinos; un galgo rescatado de pelo largo, corriendo por la playa y zambulléndose en el agua a buscar la botella que su humano le tiraba una y otra vez, incansables ambos, mientras la humana de ellos los miraba con amor; una pareja de teens chapando de cara al mar; amiga y amigo de ambos charlando, él claramente deslumbrado por ella, preciosa; una dupla de teens en la que ella le describe a él qué es un Starbucks (“muy yanqui” fue el final de su descripción); las casas de Mar del Plata que te cortan la respiración, recuerdo eterno de un pasado esplendoroso y lejano que no va a volver; los pies en el agua, la arena amarronada, tan amada, tan presente a lo largo de mi vida. Es así de fácil y yo me había olvidado.

Sigue leyendo

#Santiago

Santiago de Chile

Santiago de Chile es fresca, ágil, luminosa. Hay días de un sol prístino que ilumina la Cordillera inmensa, y sus nieves eternas resplandecen y se tornan plateadas o de un color rosa pastel según el humor del atardecer. La luna llena besa los bordes de las montañas y el cuadro es hipnótico, como un fondo de pantalla en un monitor HD. Hay otros días en los que un cielo gris plomo desdibuja las cimas a lo lejos; una bruma pálida sumerge a la ciudad en la fantasmagoría y se adivinan distantes las formas ondulantes de los cerros que la custodian.

Sigue leyendo

Volar

“Bienvenida a mi oficina” me dice. Estamos a 3.000 metros de altura, y el mundo debajo se ve como una alfombra emparchada de verde, amarillo y ocre. La laguna de Chascomús, a lo lejos, parece un espejo gigante. Ahí estamos, colgando en el aire como sin peso, planeando suavemente después de la adrenalina extrema de los 45 segundos en caída libre. Él en su salto número 2.000 y pico. Yo, cumpliendo mi largamente esperado sueño de tirarme en paracaídas.


Sigue leyendo