Categoría: Cosas que te pasan si estás vivo
Almohadas
Dormiremos en almohadas nuevas: nos verán dibujar el presente, arrasados y completos de una sensación olvidada. Nos verán descubrirnos capa a capa, sumergirnos de lleno en el incomparable torbellino de mutua curiosidad. Amaneceremos deshaciendo las memorias que nos condicionan, que nos atan aunque sea un poco a lo que fue. Nos encontrarán juntos de todas las maneras en las que se puede estar junto a un otro, despojados de barreras, vulnerables, desbordados de estas ganas de arrojarnos a lo que nace.
Soñaremos retazos que no vamos a recordar: estar despiertos es mucho mejor.
Foto: [ piXo ]
Despertar
Poco cuesta acostumbrarse a ciertas presencias luminosas que todo lo transforman y resignifican las cosas más sencillas y profundas de la vida.
Lo único constante es el cambio.
Foto: Wicked Game…!
Inundación
Una tormenta a las 4 am, la ventana de la habitación que recorta un pedazo perfecto de cielo, su cuerpo enredado con el mío, testigos gozosos del espectáculo que tanto habíamos deseado. Buenos Aires se sumerge, y yo también. Ella en un torrente de agua que viene a aplacar un poco el calor sofocante de la noche; yo en este lazo íntimo y particular que se empezó a tejer entre nosotros hace un tiempo atrás.
Real*
¿Esto es real? Casi no quiero abrir los ojos para que no se desvanezca, para que no se disuelva frente a mí. Y aún así, hay cosas que en su maravillosa fugacidad dejan una huella que desconoce de tiempos y de duraciones.
El universo al que tanto le pregunto responde con asombrosa mediación. Abro los brazos y el alma, agradecida, y con una olvidada sensación de paz que me inunda sin ahogarme.
Extraños días se suceden, y no los quiero dejar ir.
Foto: Unlimited
Dormir
Un estado de vulnerabilidad total que es entregarte entero a un otro que yace a tu lado, y que te cubre de besos porque darlos es como recibirlos y hay noches en las que todo se cura y todo se aprende sin muchas palabras.
Pura magia.
Foto: dhammza
Silencio
Es #domingo y yo vengo remando una semana ardua. Me refugio en amigos y en mi familia (mis dos escondites favoritos, después del silencio y la soledad). Me refugio en la estupidez superflua y muy #minitah de la Red Carpet de los Golden Globes. Justo cuando me invade cierta sensación de comodidad, el llamado que lo cambia todo: él -uno de los pocos «él» realmente significativos de los últimos 10 años de mi vida, uno de los pocos hombres con los que alguna vez imaginé una vida- llama y me habla de la enfermedad terminal de uno de sus seres más queridos. Y yo, habitualmente ducha con las palabras, buena en el arte de dar consuelo y acompañamiento, me quedo muda. Soy incapaz de articular más palabras que una serie incongruente de «ays» y palabras cariñosas. Le ofrezco mi compañía, le ofrezco lo unico que uno puede ofrecer en momentos sin protocolo como estos: el amor incondicional que se tiene sólo por un puñado de personas sobre la Tierra y que sólo un pequeño grupo de personas realmente puede honrar.
Parar
¿Cuándo parás? ¿Cuando te lo pide el cuerpo? ¿Cuando te atacan una serie de sintomas que nunca antes habías sentido? ¿Cuando desconocés tu cuerpo, te desconocés vos? ¿Cómo parás cuando estás puesto a prueba, cuando tenés que mostrar que podés, que manejás los ritmos de locura, que tenés temple para bancarte la que venga y seguir adelante incluso cuando el cansancio no te permite pensar por claridad?






